viernes, 22 de junio de 2012
Eterno carnaval.
Sentado en el cordón, con un silencio que hasta ese momento no existía, sentado en ese cordón, en una calle perdida en el tiempo, iluminada por destellos de colores, y pintada por papeles llenos de alegría, observando el color de la noche, ahí esta el, sentado descansando de tanto hacer bailar al mundo; si miras mejor lo podrás ver, es un pibe, como cualquier otro pibe de barrio que pudiste conocer, esta cansado, sufre del silencio que trae el carnaval cuando se marcha, pero se lo ve feliz, su cara esta iluminada por mil colores, tiene una sonrisa grande como el mar, su ropa es dueña de la atención de los niños, y presa de la melancolía y el festejo de los grandes, que a veces para estas fechas se animan a soñar. Pero ese pibe no esta solo, al menos por ahora, hay gente que camina, que se marcha, algunos sonríen, otros se acuerdan que al otro día el mundo vuelve a girar y caminando sin mirar atrás vuelven a sus casas. La calle va perdiendo sus colores, otra vez el mundo se vuelve triste y real, el pibe se levanta y mira el cielo, se ríe, saluda a un viejo que pasa caminando, y en la noche se pierde dando paso a la soledad. Ahora la calle esta vacía, sucia de la gran noche que protagonizo, ahora corre otra vez el tiempo, ya paso la retirada, ahora esperan que pase pronto, esperan que el mundo gire, y que traiga otra vez el calor, los sueños, las luces, que traiga otra vez el carnaval.
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