Las horas pasan y mis ideas me llevan por caminos que odio transitar, decido caminar un poco, siento que me ahoga la realidad; la gente sigue yendo de acá para allá, corriendo, acelerados, yo me pregunto ¿Donde van?, ¿Porque están tan apurados?, me estresa verlos en ese estado robotico de funcionalidad; sera que tantas veces escuche que debía ser funcional, buscar un trabajo que de dinero y dejar de soñar, quizás mi remordimiento hacia esas personas radique en que ellos logran olvidar, corren detrás de cosas simples, de algo tan básico y absurdo como el dinero, no les preocupa lo que su cabeza les grita, lo tapan con lujo y no necesitan mirar hacia atrás.
Sigo mi camino y la noche avanza, ya no hay tanta gente en la calle, con esto del miedo corren a sus cuevas a llorar, yo no logro desconectarme ni un segundo de mi mismo, tengo ese defecto o esa capacidad de pelear contra mi subjetividad; casi llego a mi casa, entre tanta reflexión llego a la conclusión de que me agrada pensar y pensar, en ese proceso conozco los abismos, consumo infiernos buscando la verdad; en muy raras ocasiones llego a una idea clara, siempre obtengo mas preguntas, siempre obtengo mas vacío por llenar.
Finalmente me acuesto en mi cama, siento cierta vergüenza y disconformidad, los minutos pasan y sigo mirando la oscuridad, siempre me costó dormirme con rapidez, pese a esto empiezo a sentir que me marcho, a ese mundo de fantasía e irrealidad; no es muy diferente a mi mundo, la única diferencia es que en este no puedo volar.
Mi inconsciente se hace dueño del momento, me lleva por lugares que nunca logre visitar, los recorro volando, los recorro entre unicornios y especies que solo yo puedo inventar; entre toda esa fantasía aparecen cosas que pensé durante el día, miedos y alegrías, dolores y tristezas, sueños y mentiras, todo se hace presente en ese sueño, todo llega para avisarme que ahí esta, todo me condiciona de mil maneras, como en la vida misma, como en mi propia realidad.

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